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Y los Hijos de Israel así hicieron: recolectaron [el maná], algunos más, algunos menos. [No obstante,] cada uno midió un omer [de maná]; quien recolectó más no tuvo más, y quien recolectó menos no tuvo menos…

“Vida” es el término general que empleamos para referirnos a la sucesión de acciones -elementales y complejas, sutiles y pronunciadas- que el alma estimula en el cuerpo.

El cuerpo, por sí mismo, es tan estático como “carne y huesos sentados en una olla”1 ; el alma le infunde calidez, vitalidad y conciencia, le imparte la capacidad de auto-perpetuación (crecimiento y reproducción), instala en él una voluntad, y otorga una mente a su cerebro, vista a sus ojos y fuerza a sus músculos. Todo esto y más es “vida”, el fenómeno más analizado y menos entendido en la existencia.

Más específicamente, la influencia del alma sobre el cuerpo cae en dos categorías generales: “vida elemental” y “vida particular”2 .

“Vida elemental” son las cualidades comunes a todos los cuerpos vivientes y a todas las partes de un cuerpo vivo.

En cuanto a “vida elemental”, el infante no está más o menos “vivo” que el adulto, y el cerebro no está más o menos “vivo” que el pie.

“Vida particular” son las influencias vitales del alma que son específicas a un cuerpo en particular y a un órgano en particular. Así, el alma imparte vista al ojo e inteligencia al cerebro. Otorga un grado más alto de sensibilidad a la yema del dedo que al talón. Y hace diferencias entre los individuos: en sus proezas mentales, profundidad de sentimiento, visión, y capacidad de alzar pesas.

Lo que es cierto de la vida física lo es asimismo de la vida del espíritu: la vitalidad del alma también consiste de una “vida elemental” y una “vida particular”.

La “vida elemental” de un alma son las cualidades comunes a cada alma y fundamentales a cada área de la vida espiritual, como ser el intrínseco compromiso frente a Di-s y la fe en El que cada alma posee en igual medida y que permea todos sus “órganos” y “extremidades”3 .

La “vida particular” de un alma son las facultades, talentos y sensibilidades que comprenden su persona espiritual individual (su comprensión de Di-s, sus sentimientos hacia El, sus actos y experiencias espirituales, etc.).

Bocado para un Gigante

El alimento es el adhesivo de la vida, el medio que mantiene cuerpo y alma juntos. Por lo que también el alimento tiene ambos roles, uno “elemental” y uno “particular”, en el sustento de la vida.

En el nivel particular, cada cuerpo tiene sus necesidades nutritivas específicas, dictadas por la edad, el tamaño del cuerpo y la constitución fisiológica. En el mismo cuerpo, cada órgano y célula requiere su propia “dieta” de vitaminas y nutrientes para su mantenimiento y desarrollo. Pero el alimento también tiene una función “elemental”, una que abraza todos los cuerpos y órganos por igual.

El alimento sostiene la vida en el sentido más básico de la palabra: vida como la energía vital que vitaliza la carne. En esto, el alimento afecta a cada cuerpo y a cada parte de él del mismo modo.

Una expresión de la relación del alimento con la “vida elemental” puede hallarse en el análisis del Talmud de las leyes de Iom Kipur. La Torá prohíbe el consumo de alimentos en este santo día. La cantidad de alimento que constituye una violación a esta prohibición4 es el volumen de un kotevet (higo fresco). El Talmud agrega luego que esta ley se aplica por igual a todos, sin considerar el tamaño del cuerpo, pues el alimento en la cantidad de kotevet acalla el hambre de cada individuo, sea un pequeño niño u “Og, el Rey de Bashán” (un famoso gigante) 5 .

En otras palabras, en el alimento hay una función elemental que se relaciona por igual a cada cuerpo, sin tomar en cuenta su tamaño particular o cualidades.

Raciones del Cielo

En el decimosexto capítulo de Exodo leemos acerca del maná, el “pan del cielo” que alimentó a los Hijos de Israel durante su travesía de cuarenta años desde Egipto hasta Tierra Santa.

Un detalle muy enfatizado en el relato de la Torá es la cantidad de maná asignada a cada individuo. Di-s ordenó “recolectarlo, cada hombre según sus necesidades alimenticias: un omer por cabeza”6 .

Cada noche el maná solía caer desde el cielo, y cada mañana, el jefe de familia debía recolectar un omer para cada miembro de su hogar. Estaba estrictamente prohibido reservar parte de la porción de un día para el siguiente (excepto el viernes, cuando debía ser recolectada una doble ración, pues el maná no caía en Shabat).

Si una persona recogía más de un omer, encontraba no obstante exactamente un omer en su canasta; si una persona recogía menos de un omer, también ésta encontraba un omer completo en su canasta.

Esto parece contradecir todo lo que sabemos acerca del alimento: que un adulto come más que un niño, que un hombre come más que una mujer, que un cuerpo más grande requiere más que uno de menor tamaño.

Es cierto que el maná era un alimento milagroso, pero el hecho de que Di-s estipuló una cantidad específica como la ración diaria de una persona implica que el maná habría de operar como un alimento físico, cuya masa provee las calorías para abastecer la vida. De hecho, el arriba citado versículo (“Recójanlo, cada hombre según sus necesidades alimenticias: un omer por cabeza”) enfatiza que el maná debía ser asignado no siguiendo algún criterio esotérico, sino conforme la necesidad de la persona7 . Sin embargo, ¡en la misma oración determina que esta necesidad será la de un omer uniforme por cabeza!

En otras palabras, el maná enfatizó el papel de alimento para mantener la “vida elemental” del hombre, distinguida por su naturaleza uniforme, por encima de la nutrición individual y específica de la “vida particular”.

Primero lo Primero

El maná era “pan del cielo”, nutrición espiritual que también sostuvo al cuerpo físico (a diferencia del “pan de la tierra” que comemos hoy, que es nutrición material que tortuosamente sostiene nuestras vidas espirituales). Por lo que las cualidades del maná como un alimento físico reflejaron aquellas de su función espiritual.

El maná vino a nutrir a los Hijos de Israel en sus primeros cuarenta años como nación. En este período crítico, el énfasis estuvo puesto en nutrir su “vida elemental”, la esencia misma de su nexo con Di-s. Esto es comparable con los primerísimos días de la infancia, cuando el cuidado del infante se centra primariamente en el esfuerzo por alimentarlo y mantenerlo, más bien que en el desarrollo de sus facultades y talentos particulares8 .

Por lo que la cualidad dominante del maná era su función como nutridor de “vida elemental”, expresada también en el nivel físico por la cantidad uniforme asignada a cada individuo, sin considerar sus cualidades particulares.

De hecho, la Torá ni siquiera nos cuenta, al principio, cuánto es un omer. Lo hace solamente en la conclusión de su relato, al analizar el período de transición cuando el pueblo de Israel concluyó su largo viaje de una generación desde Egipto a Canaán y entró en la Tierra Prometida. El maná ya había dejado de caer, pero un abastecimiento de éste duró hasta que pudieron recolectar su primera cosecha de cereal en su nueva patria9 . Sólo entonces la Torá nos cuenta que “Un omer es un décimo de eifá”, es decir, el volumen de 43,2 huevos10 .

Pues fue sólo cuando el pueblo de Israel cruzó el Río Jordán para comenzar su vida como un pueblo que vive de la tierra que su omer de maná se tornó una cantidad definida, una cantidad que puede medirse, dividirse y ajustarse a los requerimientos particulares de una dieta personal.

Ahora habían madurado llegando al punto donde el aspecto de “vida elemental” de su desarrollo retrocedió a la trastienda y comenzó el cultivo de su “vida particular”. Su nexo intrínseco con Di-s ahora debía traducirse en los detalles de una vida dedicada a la santificación de una existencia material.

(Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXVI, págs. 103-113)

NOTAS AL PIE
1. Dérej Mitzvoteja 45a.
2. Véase Tania, cap. 51; Sefer HaMaamarím Káitz 5700, págs. 31-35.
3. Véase Tania, cap. 18.
4. Esto no significa que esté permitido comer menos de esta cantidad en Iom Kipur sino, más bien, que ésta es la cantidad que constituye una violación plena de la prohibición bíblica y conlleva la pena de karet (“escisión” del alma) prescripta por la Torá. Comer menos que el volumen de un kotevet es sólo una violación “parcial” y no conlleva pena.
5. Talmud, Iomá 73b, 80b.
6. Exodo 16:16.
7. De hecho, la implementación del omer por parte de la Torá como la medida del consumo alimentario diario de la persona nos es relevante a nosotros hoy como la fuente de la ley que requiere la separación de jalá de una masa elaborada con un omer o más de harina (Talmud, Eruvín 83b).
8. Nuestros Sabios hacen esta correlación, atribuyendo al maná las cualidades de la leche materna: “Tal como el seno provee al infante todos los sabores del mundo, así también lo hace el maná” (Talmud, Iomá 75a, basado en Números 11:8).
9. Exodo 16:35; Rashi sobre el versículo (de Talmud, Kidushín 38a). Este período de transición duró desde la desaparición de Moshé, el 7 de Adar, hasta que “comieron del cereal de la tierra” 38 días después, el 16 de Nisán, como se describe en Ioshúa 5:11-12. Según el Mejilta (Exodo, ibíd.), este período se extendió a todos los catorce años durante los cuales el pueblo judío conquistó la tierra y se radicó en ella.
10. Exodo 16:36; véase Mejilta y Rashi sobre este versículo.

ADAPTADO DE LA ENSEÑANZAS DEL REBE DE LUBAVITCH

Extraído de Shuljan Shabat, originalmente publicado en Sijat Hashabua, traducido por “La reflexión semanal”

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Jabad es una filosofía, un movimiento, y una organización. Se considera que es la fuerza más dinámica en la vida judía en la actualidad. La palabra ” Jabad ” es un acrónimo hebreo de las tres facultades intelectuales de jojmá , sabiduría, binah – comprensión y daat – conocimiento.