Likutei Sijot: Vaerá Volumen I

19

HOY ES: PARASHA: MIKETZ
PRÓXIMA FESTIVIDAD: JANUCA (DEC 12 -20)

Bsd.

A

1. Ya se explicó en numerosas ocasiones que todos los temas de la Torá, vocablo que proviene de la palabra horaá, “instrucción”1, constituyen una enseñanza vigente en todas las épocas y lugares, hasta el fin de las generaciones. Este es precisamente el significado de la eternidad de la Torá, [el hecho de que sus enseñanzas jamás prescriben]. Dicho principio no se aplica sólo a los pasajes de la Torá en que se enuncian leyes (mitzvot), sino también, [y con idéntico rigor,] a sus relatos, [de los que también se derivan lecciones en toda época y lugar].

De modo que incluso aquellos relatos acerca de acontecimientos que no guardan relación con la actualidad – también estos, dada la eternidad intrínseca de la Torá, encapsulan una enseñanza [e instrucción] para todas las épocas.

El mencionado concepto rige para todos los relatos de la Torá, pero se aplica con mayor énfasis a los pasajes bíblicos que cuentan el Éxodo de Egipto. Recordar el Éxodo de Egipto constituye una mitzvá que debe cumplirse todos los días2, pues [si bien en la realidad física éste tuvo lugar una única vez en la historia,] espiritualmente, la persona debe “salir de Egipto” todos los días, conforme lo explica el Alter Rebe en Tania (cap. 47) y en Torá Or3. Siendo así, todos los aspectos que la Torá menciona en cuanto al modo en que los judíos salieron físicamente de Egipto encarnan, con certeza, una enseñanza a ser aplicada a la “salida de Egipto” espiritual [que el judío debe llevar a cabo consigo mismo, interiormente, en las facetas espirituales de su ser].

[Mientras los judíos estaban siendo todavía esclavizados,] las Diez Plagas constituyeron el comienzo del Éxodo. Fue por intermedio de éstas que se quebró la soberbia del Faraón y de Egipto. Y es precisamente la Sección de la Torá de esta semana (Vaerá), la que hace referencia a [la mayoría de] las Plagas, [a saber: las de] Sangre, Ranas, [Piojos, Fieras Salvajes, Peste, Sarna y Granizo].

2. La Sección de la Torá de este Shabat comienza relatando el duro sufrimiento [de los judíos] en el exilio egipcio. Las palabras de apertura de esta Sección4 –”Yo Me revelé a Avraham, [a Itzjak y a Iaacov…”]– son la respuesta de Di-s a nuestro Maestro Moshé a su pregunta ([formulada a Di-s] al final de la Sección Shemot5): “¿Por qué has hecho mal a este pueblo, [por qué me enviaste? Desde que vine al Faraón a hablar en Tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo,] y Tú no has salvado a Tu pueblo”.

La opresión del galut (exilio) fue de tal magnitud, y la oscuridad reinante de semejante densidad redoblada, que ni siquiera Moshé recurriendo a su sabiduría (una que constituía la cumbre de la sabiduría y el entendimiento en el ámbito de la Santidad6), podía captar [el motivo de un sufrimiento tan intenso, y] por eso preguntó: “¿Por qué has hecho mal a este pueblo?”

[La opresión física era tan férrea que provocó que los judíos se “bloquearan” espiritualmente. Por eso,] aun después de que Moshé les transmitiera la [tranquilizadora] respuesta de Di-s7 –”Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo soy Di-s (Havaiá); Yo los sacaré de debajo de la opresión egipcia, [los liberaré…los redimiré…y los tomaré…”], empleando las [célebres] cuatro expresiones de redención– [con todo] “no escucharon a Moshé a causa de su corto aliento y duro trabajo”8.

Ni siquiera la sublime revelación espiritual del Nombre Divino Havaiá –”Por lo tanto, di a los Hijos de Israel: Yo Soy Havaiá”– bastó para quebrar el galut [“bloqueo diaspórico”] interior de los judíos, persistiendo en esa instancia todavía el “no escucharon a Moshé…”.

[Quizás se podría argumentar que el pueblo judío “no escuchó a Moshé” porque el mensaje Divino de su inminente redención no fue expresado de la manera adecuada; en realidad, sin embargo, de ninguna manera se pueda esgrimir un argumento semejante, pues] indudablemente no se puede culpar, [por la negativa de los judíos a escuchar,] al shelíaj (emisario) responsable de transmitir la palabra de Di-s, pues en este caso, éste fue [ni más ni menos que el mismísimo] Moshé, de quien se dijera9: “La Shejiná [Misma] habla desde la garganta de Moshé”, por lo que [no sólo el espíritu de Moshé estaba absolutamente entregado a Di-s en virtud de la elevada condición de su alma, sino que] también el cuerpo de Moshé constituía [exclusivamente] el vehículo y “recipiente” apropiado [cuya única función durante sus 120 años de vida terrenal fue] para transmitir adecuadamente la palabra de Di-s.

(Hay una diferencia básica entre Moshé y el resto de los profetas10. Todos los demás, al momento de profetizar, debían despojarse de su naturaleza física pues sus cuerpos no estaban capacitados para ser instrumentos de la transmisión profética; e incluso habiéndose (“esto”, es decir, tenían visiones figuradas [de las cuales podían descifrar el mensaje de Di-s]). Moshé, en cambio, al recibir la profecía conservaba su condición física [y psíquica] natural, y profetizaba despojado de ésta, sólo podían profetizar a modo de ko como con la expresión ze (“esto es”)11, pues su cuerpo físico, tal cual, se había convertido en un canal e instrumento para transmitir la palabra de Di-s).

Además, cuando el Todopoderoso dijo: “Y Yo Me revelé [a Avraham, a Itzjak y a Iaacov”] hizo referencia al mérito de los patriarcas. Esta referencia genera una influencia protectora –al estilo de lo que vemos en la Mishná12, que [en el Gran Tempo de Jerusalén] decían: “Todo el este está alumbrado, incluso hasta Jevrón”, y lo hacían ‘a fin de evocar el mérito de aquellos que están sepultados en Jevrón’13, declaración ésta que confería una asistencia espiritual especial en el servicio de las ofrendas del Templo en general y de la Ofrenda Cotidiana (tamíd) en particular. Lo que es más, esta referencia al mérito de los patriarcas fue hecha por Di-s Mismo, lo que señala una asistencia sumamente especial.

De esta forma, observamos que [en el mensaje de Di-s al pueblo judío por intermedio de Moshé] estaban presentes muchas condiciones auspiciosas: 1) La manifestación [Divina del supremo nivel] del Tetragrámaton (Haviá) y las cuatro expresiones de redención (“los sacaré… liberaré… redimiré… tomaré…”); 2) Esta revelación fue transmitida por intermedio de Moshé; 3) Se hizo referencia al mérito de los Patriarcas; y 4) La referencia la hizo el propio Todopoderoso. Y no obstante todo ello, no fue suficiente para influir en los judíos y “moverlos” de su postura galútica y permitirles incorporar la idea y posibilidad de una redención.

Los judíos no sólo no lograron vislumbrar esta posibilidad desde una perspectiva visual (empírica) –que es la forma más sólida de verificación– sino que incluso no pudieron siquiera “escuchar” –es decir, [no pudieron incorporar la idea de una redención] siquiera con el entendimiento y la captación racional14; a ello se refiere el versículo cuando expresa que “ellos no escucharon…”.

3. Todo lo antedicho aparece al comienzo de esta Sección Semanal. Luego, en su desarrollo, la Torá cuenta acerca de las Plagas [que se abatieron sobre Egipto]. En la práctica, fueron precisamente éstas las que comenzaron a [debilitar y finalmente lograron] quebrar el galut egipcio, sin importar cuán severo éste era.

Conforme lo explicado, la enseñanza a aplicar diariamente por parte de cada judío es la siguiente:

Aun si el “egipto interior” es muy fuerte, no se lo debe tomar en cuenta; [éste debe ser golpeado con “plagas” y su poderío quebrado]. Y no hace diferencia alguna si el servicio a Di-s por parte del judío se enmarca en un “egipto sacro” –es decir, que su avodá se sustenta en la lógica y la comprensión, por lo que está restringida [a los limitados parámetros de su propio calibre intelectual] (el término mitzráim, “Egipto”, está vinculado a la palabra meitzár/, “limitación”)–, o si el judío se encuentra inmerso en un “egipto impuro”, un estado en el que incluso los soportes de la razón están ausentes. Como sea, mediante la avodá de “plagas”, se puede quebrar el poderío de [semejante] “egipto”, y lograr de ese modo la redención de la propia alma.

4. La primera Plaga que [inició el proceso que eventualmente] acabó con el galut egipcio fue la de Sangre: Las aguas –[de todas partes, pero especialmente las] del Nilo– se transformaron en sangre.

El agua es una sustancia fría y húmeda15. La frialdad simboliza generalmente lo contrario a la Santidad. Esta última se caracteriza por su vitalidad –como se menciona en Avot deRabí Natán16: “Diez son llamados ‘vivos’…”, enumerándose en primer término al Santo, Bendito Sea, y luego a todos aquellos que están unidos a Di-s. La vida, la vitalidad, trae consigo calor. La frialdad, por su parte, es lo contrario al calor, lo opuesto a la vitalidad de la Santidad–. En términos prácticos, lo primero que se debe hacer para salir del “egipto personal e interior” es quebrar esa frialdad hacia las cuestiones de Santidad; pues mientras impera ésta comienzan a gestarse todas las condiciones que se contraponen a la Santidad. La primera Plaga, por ende, estaba relacionada con el agua, es decir, la frialdad.

5. La Plaga que afectó a las aguas ocurrió con “las aguas que están en el río”17, o sea, el Nilo.

[La interpretación de esto en cuanto al servicio a Di-s por parte del judío es la siguiente:] Hay dos clases de frialdad: a) Aquella frialdad (indiferencia y apatía) por las cuestiones mundanas, que [es una frialdad positiva y] se deriva de la Santidad; y b) Aquella frialdad por las cuestiones de Santidad que constituye la raíz de todas las kelipot18 (“cáscaras”, el mal), como se mencionara antes. Lo mismo sucede con las aguas. Hay aguas que: a) provienen de Arriba 19–como fuera dicho: “Bebe agua de la lluvia del cielo”– al estilo de la frialdad que deviene del ámbito de la Santidad, y b) aguas de “debajo de la tierra”, una situación similar a la frialdad de la kelipá.

Las aguas del Nilo pertenecen a esta segunda categoría de “aguas”; tal es así que encontramos el uso de la expresión “las aguas del Nilo se elevaron”20, pues éstas no vienen de arriba sino de debajo de la tierra.

Estas aguas, las del Nilo –es decir, la apatía por la Santidad– constituían la deidad de Egipto, de la cual se nutría todo tipo de mal. Por eso, cuando debía quebrarse el orgullo egipcio, lo primero en ser atacado fueron las aguas del Nilo, el aspecto de la frialdad [negativa, contraria a la Santidad].

6. La primera Plaga convirtió estas aguas en sangre. La sangre es indicio de vitalidad, como fuera dicho: “Pues la sangre es la fuerza vital”21. Así, “todas las aguas que estaban en el río se transformaron en sangre”22: la frialdad fue convertida en vitalidad, pues “del bosque mismo se extrae [el mango de] el hacha con que es talado”23.

Esto explica por qué no bien comenzó la Plaga24 dice la Torá que las aguas del río se transformaron en sangre “sobre tierra seca”. ¿Para qué agrega el versículo estas palabras? Es que pese a que la tierra seca carece siquiera de la condición de humedad –símbolo del dveikút (unión, apego)–, incluso esta característica de sequedad fue transformada, no obstante, en vitalidad (sangre).

7. La proximidad de los cuatro reinos que conforman la integridad de la Creación –el mineral (o inerte), el vegetal, el animal y el parlante (humano)– con la Santidad, es proporcional a la vitalidad interior que poseen, pues como se dijera, ‘santidad’ significa ‘vitalidad’. Por lo tanto, la materia inerte es aquella que se encuentra más alejada de la Santidad, seguida por las especies que integran el reino vegetal, y luego por los animales. Lo mismo sucede con los cuatro Mundos de Atzilut, Beriá, Ietzirá y Asiá: Asiá, el mundo [de la Acción] en el que predomina el mal, es análogo al reino inerte, y así sucesivamente en orden secuencial.

Agua y Sangre representan la frialdad y el calor tal como se encuentran presentes en la materia inerte. Los animales, por su parte, también tienen el rasgo de la frialdad, en particular aquellos creados a partir del agua. En el contexto de las Diez Plagas, esto rige para las ranas –”y el Nilo hará pulular ranas”25– tal como cuando fueron creados los peces durante los Seis Días de la Creación26. [Y la relación de las ranas con el agua se manifiesta también después de que han nacido de ella, pues] las ranas nadan en el agua, como cuentan la Guemará y el Midrash27, que para que el escorpión pueda cruzar el río se sube a una rana que lo transporta hacia el otro lado.

[El escorpión, por naturaleza, también es un animal frío; de hecho, manifiesta la esencia de la frialdad28. No obstante, no forma parte integral del agua y por ende no es lo opuesto al fuego y no es capaz de nadar. Las ranas, por otra parte, son seres acuáticos29, lo diametralmente opuesto al fuego].

8. Lo antedicho nos permite entender por qué dice el versículo que las ranas también subirán “a tus hornos”30. ¿Qué importancia tiene este detalle?

En realidad, nuestros Sabios dicen que este pasaje nos enseña acerca del auto-sacrificio de las ranas31: El Todopoderoso les ordenó esparcirse por toda la tierra de Egipto y ellas se introdujeron incluso en los hornos. Sin embargo, esto no aclara por qué no se comportaron del mismo modo también los piojos y las bestias salvajes [en otras de las Plagas].

En el contexto de lo antedicho la lección es clara: Este fue un acto de mesirut néfesh (auto-sacrificio) en su máximo grado: las ranas, que derivan de las aguas –”el Nilo hará pulular…”– se introdujeron en los hornos encendidos, es decir, se arrojaron al fuego, [sin importarles que semejante acto suyo era] algo diametralmente opuesto a su naturaleza [con tal de cumplir la Voluntad Suprema].

9. Las ranas vinieron a azotar todo el dominio del Faraón. Al cumplir su misión, demostraron una frialdad sacra, sublime, frente a las cosas materiales. Es por ello que fueron hasta “tus hornos y tus recipientes donde amasas el pan”, con el objeto de extinguir el ‘calor’ y la falsa exaltación de la kelipá, pues el calor, análogamente, puede hallarse en el plano opuesto a la santidad.

Se mencionó antes que la kelipá per se es frialdad. Pero para permitir el libre albedrío, la kelipá debe tener alguna condición similar a la Santidad – al menos en el grado de similitud existente entre el mono y el hombre32. Por lo tanto, la kelipá también posee un aspecto de ‘calor’: su ardiente dedicación apasionada a las cuestiones mundanas.

10. La enseñanza de lo antedicho, aplicada en el servicio a Di-s, es la siguiente:

Para abandonar y librarse del “egipto impuro” la persona debe introducir calidez y vitalidad en todo lo que se relaciona con la Santidad, pues la frialdad es el comienzo de toda suerte de mal.

Esto se aplica también al modo en que se debe abandonar el “egipto sacro”, es decir, la avodá que se apoya [exclusivamente] en el entendimiento y la razón. Pero, [como resulta claro,] nuestra principal preocupación debe ser abandonar el “egipto impuro”.

Podríamos preguntarnos: ¿Por qué tanta conmoción por la falta de entusiasmo en cuestiones de Santidad? Al fin y al cabo, mientras la persona se abstenga de cometer malas acciones, ¿qué importa si no se siente entusiasmada por los asuntos de Santidad?

En verdad, sin embargo, no es posible estar “ni aquí ni allá”, no sentir entusiasmo por lo relacionado con la Santidad ni sentirlo por lo impropio. La frialdad hacia la Santidad llevará eventualmente a que el individuo se involucre en la impureza de Egipto33, Di-s nos libre.

Por lo tanto, la Inclinación al Mal (el Iétzer HaRá) invierte denodado esfuerzo para enfriar al judío, haciéndolo indiferente a la Divinidad. Incluso frente a un milagro evidente, el Iétzer HaRá argumentará: “¿De qué te impresionas? ¡Después de todo, tú crees, de hecho, que todo proviene de Di-s, que Di-s es Omnipotente, y que en comparación con Di-s todos los mundos son como la nada absoluta! Siendo así, por cierto nada de especial tiene el hecho de que Di-s altere la combinación de las tres letras jet-mem-tzadik ([que forman la palabra] jómetz, “vinagre”) en una nueva combinación de shin-mem-nun (shémen, “aceite”) y que [en consecuencia] “¡Aquel que ordenó al aceite que arda también ordenará al vinagre que lo haga!”34 ¿Por qué todo este entusiasmo, hasta el extremo del éxtasis?”

La finalidad del Iétzer HaRá es enfriar los sentimientos de emoción Divina y generar frialdad, apatía e indiferencia hacia lo sagrado. Esta es la raíz de la impureza de Egipto.

Para deshacerse de “egipto” se debe recordar que primero debe haber “sangre”, un ardiente entusiasmo por, y en, las cuestiones de Santidad.

Tal como debemos generar en nosotros mismos un ardiente sentimiento por lo sacro (“sangre”), también debemos generar frialdad hacia las cuestiones mundanas (“ranas”). Esto representa los dos aspectos de “apártate del mal” –”ranas”– y “haz el bien” –”sangre”–. A través de estos dos conceptos y sus ramificaciones la persona es liberada de [su propio] “Egipto” [como se explicará a continuación].

11. En general, el orden en la avodá es: primero “apártate del mal” y luego “haz el bien”35. Hay un famoso ejemplo [que ilustra el concepto]: Cuando se desea construir una casa para residencia de un rey, primero deben quitarse todos los escombros y la suciedad. Sólo entonces se podrán introducir objetos preciosos y preparar la morada de modo que sea apta para la realeza.

Este es el orden natural, en nuestro nivel de desarrollo, “desde abajo hacia Arriba”. Sin embargo, en el orden Celestial, “de Arriba hacia abajo”, el orden es inverso: primero viene el “haz el bien” y luego el “apártate del mal”; es decir, [según el orden Celestial] se proyectan [sobre el alma de la persona] excelsas revelaciones espirituales desde lo Alto, y éstas hacen que el mal se aparte. Por eso, como las Plagas venían de Arriba, primero tuvo lugar la de sangre (‘haz el bien’) y sólo después la de las ranas (‘apártate del mal’).

12. Esta secuencia –primero ‘sangre’ y después ‘ranas’ fue, de hecho, de orden sobrenatural, “de Arriba hacia abajo”. Sin embargo, como todos los relatos de la Torá nos brindan instrucciones a ser aplicadas en la avodá del hombre en todos los tiempos, aquí se nos enseña que nuestro servicio a Di-s también debe incluir una secuencia que comienza con “haz el bien”. Tal es así, que el Rebe Maharash36 solía decir: “El mundo sostiene que si no es posible ir por debajo hay que ir por arriba. Pero yo digo: ¡ya inicialmente se debe ir por arriba!”

El orden [en el servicio a Di-s] debe ser el de apuntar bien alto desde un comienzo, hacia la revelación de una enorme medida de luz que, por sí misma, provoque que la oscuridad se disipe.

13. De manera similar al principio mencionado existe una distinción entre galia deTorá (el aspecto revelado o exotérico de la Torá) y pnimiut haTorá (la faceta interior o esotérica de la Torá, también conocida como Jasidut o doctrina jasídica).

galia deTorá sigue el orden de “de abajo hacia Arriba”, avanza de lo simple a lo complejo. En pnimiut haTorá se da el orden inverso, comenzando con or (“luz”). Y esto es así particularmente en lo que respecta a las últimas generaciones: el pnimiut haTorá se ha revelado y es enseñado a todos [sin excepción], sin los requisitos, condiciones y preparativos previos que antaño eran prerrequisitos para su estudio37.

Hoy en día se estudia pnimiut haTorá con cualquier persona, haciendo énfasis en su masiva y total difusión en consonancia con la bien conocida parábola del Alter Rebe acerca de la joya central en la corona del rey38.

Así, al diseminar y difundir pnimiut haTorá, nos liberamos de “egipto”, comenzando con un ardiente deseo y entusiasmo por lo sacro –”sangre”–, lo que a su vez genera la repulsión al mal [“ranas”].

Mientras las tres kelipot impuras son eliminadas por completo del dominio del hombre, kelipat nóga logra su elevación39.

Esto traerá la redención personal al alma de cada uno, y por intermedio de ella, la Redención general, de modo que muy pronto en nuestros días [se concretará la profecía de que] “Yo les mostraré maravillas como en los días de tu salida de la tierra de Egipto”40.

NOTAS:

1 [Zohar III, 53a. (NVI)].

2 [“…a fin de que recuerdes el día en que saliste de la tierra de Egipto todos los días de tu vida”, Deuteronomio 16:3, y véase Berajot 1:5 (12b). Véase también Rashi sobre Exodo 13:3, Mishné Torá, Hiljot Kriat Shemá 1:3; Shulján Aruj del Alter Rebe 67:1 (NVI)].

3 [Véanse allí los Discursos sobre Shemot y Vaerá. Véase también Likutéi Torá, Shlaj, 48c y 50c (NVI)].

4 [Exodo 6:3 (NVI)].

5 [Exodo 5:22 (NVI)].

6 [Véase Rosh HaShaná 21b: Cincuenta portales de entendimiento fueron creados en el mundo, y todos fueron concedidos a Moshé salvo uno… ‘Kohélet procuró hallar palabras de deleite’ (Eclesiastés 12:10): Kohélet (el Rey Salomón, quien era “el más sabio de los hombres”; I Reyes 5:11) quería ser como Moshé, pero surgió una Voz Celestial y le dijo: ‘Escrituras rectas, palabras de verdad’ (Eclesiastés, ibíd.). ‘No surgió otro profeta en Israel como Moshé’ (Deuteronomio 34:10). Compárese con Zohar III, 223a; El rey Salomón dijo: “El nivel de biná (entendimiento) pertenece a Moshé; yo pediré la jojmá (sabiduría) suprema que trasciende dicho nivel”. Por eso está escrito: “Dije: ‘seré sabio’, pero ella está lejos de mí” (Eclesiastés 7:23). Pero, ¿no está escrito, acaso, “Y Di-s concedió sabiduría (jojmá) a Salomón” (I Reyes 5:9)? La respuesta es que esto se refiere al nivel de jojmá inferior (un grado de jojmá que es inferior a biná), en tanto que él deseaba ascender, de este nivel inferior, hacia arriba, y ello estaba lejano de él pues, ¡incluso biná es un nivel que ningún hombre en la tierra, salvo Moshé, puede alcanzar! (NVI)].

7 [Exodo 6:6-7 (NVI)].

8 [Exodo 6:9 (NVI)].

9 [Véase Zohar III, 232a y 306b. Moshé había logrado anular su identidad individual en tal grado que llegó a convertirse en un vehículo pasivo por el cual discurre el Habla de la Shejiná, véase Tania, cap. 34 (NVI)].

10 Véase Mishné Torá, Hiljot Iesodéi HaTorá 7:6 [y también Principios de la Fe en su Comentario a la Mishná Sanhedrín, cap. 10, principio 7. Véase también, Ikarím, de Rabí Iosef Albo, 3:17 (NVI)].

11 Sifrí y Rashi sobre Números 30:2. [Ze significa una clara visión del objeto – compárese con nota 21 del fascículo Shemot del Likutei Sijot en Español. Sólo Moshé tuvo una visión profética de este tipo. Más aún, todos los profetas sentían temor, consternación y debilidad física en el momento en que se les transmitía el mensaje (véase fuentes citadas en la nota 11). Así, las Escrituras relatan que hasta debían despojarse de sus vestimentas, librándose de cualquier vínculo con el plano material, mientras eran imbuidos con el espíritu profético (véase I Samuel 19:24 y los comentarios de Radak y Ralbag). Su estado físico usual no podía absorber el abrumador efecto del espíritu de profecía (véase Kuntrés uMaaián 26:1; Bati LeGaní – 5710, cap. 5, y referencias allí). Moshé fue el único que alcanzó un nivel tal de perfección (por medio de su total auto-anulación) que aun cuando lo inspiraba la profecía conservaba su estado natural (NVI)].

12 Iomá 3:1 (28a); Tamid 3:2 (20a).

13 [Ierushalmi, Iomá 3:1, citado por Rashi en Iomá 28b (sobre “I bait eima”) (NVI)].

14 Véase Torá Or, Vaiejí, 45a-b, y en otros lugares. [En cuanto a la diferencia entre una percepción visual (que señala la proximidad entre el observador y lo observado) y una percepción auditiva (que indica distancia, separación, siendo el sonido su único punto de contacto), compárese con Mejiltá, Maséjet BaJodesh, fin del cap. 2: “No puede compararse quien escucha con quien ve”. Véase también Rashi sobre Exodo 20:19 (NVI)].

15 Véase Mishné Torá, Hiljot Iesodéi HaTorá 4:2.

16 34:10.

17 [Exodo 7:17, 20]. Véase Zohar II, 28b. [El Zohar señala que por un lado Di-s ordenó que todas las aguas de Egipto –sus afluentes, ríos, estanques y albercas– debían ser golpeadas para convertirse en sangre (Exodo 7:19); pero parecería imposible que un solo hombre hiciera todo esto. Más aún, las Escrituras dicen que sólo el río fue golpeado, sin mencionar ningún otro repositorio de agua. De hecho, aquí se hace referencia al Nilo pues es de él que se llenan a todas los demás depósitos y canales, por lo que Aharón sólo tuvo que golpear únicamente al Nilo (NVI)].

18 [”Kelipá” significa cáscara, o corteza. Di-s creó fuerzas que ocultan la fuerza vital Divina que se encuentra presente en toda la creación, tal como una cáscara cubre y oculta a una fruta. Véase Tania Cap. 1 y en otras numerosas citas. (NE)]

19 [Deuteronomio 11:11 (NVI)].

20 Agadat Bereshit, cap. 42; Rashi sobre Génesis 47:10.

21 [Deuteronomio 12:23 (NVI)].

22 [Exodo 7:20 (NVI)].

23 Sanhedrín 39b (siguiendo la versión de Tania, cap 31).

24 Exodo 4:9.

25 [Exodo 7:28 (NVI)].

26 Shemot Rabá 10:2. [Di-s dijo al Faraón: “Tú dices: ‘mío es el río’, pero Yo te mostraré si es Mío o tuyo. Mi plaga lo azotará y Yo decretaré que de él emerjan ranas. Tal como al comienzo, cuando Yo decreté ‘que las aguas pululen’ (Génesis 1:20), ellas cumplieron Mi palabra, de igual modo el Nilo cumplirá Mi decreto” (NVI)].

27 Nedarím 41a; Kohelet Rabá 5, sobre Eclesiastés 5:8.

28 Avodá Zará 28b.

29 Shemot Rabá 10:3.

30 [Exodo 7:28 (NVI)].

31 Pesajím 53b, véase también Zohar I, 29b.

32 [Siguiendo el principio de que “Di-s ha hecho una cosa opuesta a la otra” (Eclesiastés 7:14), cada elemento en el plano de la santidad tiene su contraparte en el “otro lado”, el ámbito de la kelipá y la impureza. Así, en correspondencia con las Diez Sefirot de santidad, existen 10 aspectos análogos en la kelipá (jésed de kelipá, guevurá de kelipá, etc.); Zohar III, 41b y 70a. Tal como existe una frialdad o indiferencia digna de elogio, del mismo modo hay una frialdad e indiferencia en el dominio del mal; y tal como existe una cualidad de calor o fervor dignos de elogio, del mismo modo hay un calor y una excitación negativos. La similitud entre estos dos opuestos permite la libre elección. (En cuanto a la analogía entre el mono y el hombre, véase Zohar II, 148b (compárese también con Zohar III, 268b y 284b) y Biuréi HaZohar del Tzemaj Tzedek, vol. I, pág. 309) (NVI)].

33 [‘Frialdad’ significa indiferencia. La indiferencia a lo sagrado implica la no-involucración con estas cuestiones, la separación de ellas. Solía decir al respecto el Baal Shem Tov: “Tan pronto como el hombre se separa de Di-s, está adorando ídolos; no hay un nivel intermedio. Por eso está escrito: ‘se voltearon, y adoraron a otros dioses (Deuteronomio 11:16)'”; véase Tzavaát HaRibash, secc. 76. Nótese también que Amalek, el archienemigo de Israel, la antítesis de la santidad, significa ‘frialdad’, pues enfría el fervor y entusiasmo por Di-s, lo que resulta en pecado; véase Midrashím y Rashi sobre Deuteronomio 25:18, y Likutéi Sijot, vol. 1, Vaikrá secc. VII, y vol. II, Tetzé, secc. VII (NVI)].

34 Taanit 25a. [La hija de Rabí Janiná ben Dosa inadvertidamente estropeó las lámparas de Shabat al verter en ellas vinagre en lugar de aceite. Entristecida de que ello pudiera impedir que encendiera las luminarias de Shabat, fue consolada por su padre quien le dijo: “¿Por qué has de perturbarte por esto? ¡Aquel que ordenó al aceite arder también puede ordenar al vinagre que lo haga!” De hecho, ella encendió el vinagre y éste ardió todo el Shabat.

Detrás de este episodio se encuentra el principio de que todo, incluso los minerales, cobraron existencia merced a las Diez Aserciones con los se crearon cielo y tierra (Génesis 1). Incluso aquellos elementos que no se mencionan explícitamente en esas Aserciones derivan de ellas por vías de las diferentes combinaciones y sustituciones de letras de aquellas palabras: estas diferentes combinaciones y sustituciones forman los nombres hebreos de todos los elementos que no se mencionan explícitamente, y dado que estos nombres constituyen la verdadera esencia y fuerza vital de todo lo creado, estos objetos cobran existencia de esta misma forma. (véase Tania, Sháar HaIjud VeHaEmuná, caps. 1 y 12; Igueret HaKodesh, Epístola 25). La esencia del vinagre, así, es una mera combinación de letras. Esta combinación puede ser modificada para convertir el vinagre en aceite. Compárese también con Or HaTorá, Pinjás, pág. 1093 (NVI)].

35 [Salmos 34:15: “Apártate del mal y haz el bien”, véase Tania, cap. 30, y comienzo del cap. 41 (NVI)].

36 [Rabí Shmuel de Lubavitch, el cuarto Rebe (NE)].

37 [Véase Conceptos Místicos en el Jasidismo (en “Tania Completo”, Ed. Kehot Lubavitch Sudamericana), Introducción, y secc. IV-VI (NVI)].

38 [Véase The Great Maggid, pág. 115-119 (NVI)].

39 Tania, cap. 37.

40 [Mijá 7:15. El Baal Shem Tov enseñó que tal como el galut y la redención de Egipto se relacionan con la totalidad del pueblo judío, del mismo modo se vinculan con cada individuo. En ese contexto interpretaba el versículo “Acércate a mi alma, redímela” (Salmos 69:19) en el sentido de que existe una redención personal que debe preceder a la redención general; de hecho, la redención personal llevará a la redención general, la llegada del Mashíaj, pronto en nuestros días. Véase Séfer Baal Shem Tov, Bereshit, párr. 166 y nota 143, y Shemot, párr. 5-6 y nota 4 (NVI)].

Las frases entre corchetes [ ] son agregados de la edición en Español. A las no­tas originales se agregaron las notas de la versión Inglesa (NVI) y las de la edición en Español (NE).
Textos originales: Likutei Sichos (Kehot Publication Society, Brooklyn, NY)
Edición de Textos y Dirección General: Rabino David Stoler
Traducción: Equipo de Sijot en Español.
Revisión: Rabino Natán Grunblatt.

COMPARTIR
Artículo anteriorTransformar el “Agua en Sangre”
Artículo siguienteVaerá: Rojo Rojito por las Venas

El contenido de esta página es producido por Chabad.org, y es propiedad intelectual del autor y / o Chabad.org. Si te ha gustado este artículo, te animamos a distribuirlo, a condición de que usted no cambiara ni alterara cualquier parte de ella, y que incluya esta nota, el crédito del autor y un enlace a chabad.org.

Jabad es una filosofía, un movimiento, y una organización. Se considera que es la fuerza más dinámica en la vida judía en la actualidad. La palabra ” Jabad ” es un acrónimo hebreo de las tres facultades intelectuales de jojmá , sabiduría, binah – comprensión y daat – conocimiento.