Misión de Amor

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HOY ES: PARASHA: MIKETZ
PRÓXIMA FESTIVIDAD: JANUCA (DEC 12 -20)

Misión de amor es el título dado a un video que rinde a homenaje a los Shlujim, Emisarios del Rebe, el Rabino Gabriel Holtzberg y su esposa, que murieron al Kidush Hashem en los últimos atentados terroristas ocurridos en Bombay (India). En su memoria escribo esta nota, dedicándola también a todos y cada uno de los shlujim que se encuentran dispersos en diferentes rincones del mundo. Efecto de un perfecto plan estratégico armado por el Rebe de Lubavich y que sorprendentemente aún después de su muerte, se intensificó considerablemente llevando a más shlujim a lugares que antes parecían inalcanzables.

Nací en el año 1969 en la ciudad de Salta donde me crié y estudié hasta terminar una carrera universitaria. Mi hogar era un hogar judío en donde el judaísmo solo se vivía en el templo. Íbamos al kabalat shabat los viernes y festejábamos los jaguim con la comunidad sefaradí. Mi padre era un hombre muy culto, de ideas sionistas, que me sorprendía por la forma en que disfrutaba participar de los rezos. Si bien no tenía amplios conocimientos de tefilá, emanaba de él una fe sincera que, desde afuera, se percibía claramente. Mi hermano y yo fuimos criados con la perspectiva de casarnos con judíos y sabíamos que ese tema era “no negociable”. Ese era a grandes rasgos nuestro judaísmo.

El tiempo paso y allá por los `90 el Rabino Daniel Levy, emisario del Rebe y Director del Beit Jabad en Tucumán empezó a venir cada 15 días para dar Shiurim (charlas). No éramos muchos en realidad los que asistíamos, pero mi padre y yo lo escuchábamos por diversos motivos. Primero por honor al Rabino que se tomaba la molestia de recorrer 300 km para estar una hora con nosotros y segundo porque nos sorprendía lo que enseñaba: leyes de Kashrut, de Shabat, Halajá (leyes y costumbres) en general, cosas de otra época. Y lo más llamativo de todo era que siendo un hombre común, a nuestro entender, parecía vivir en otro planeta.

Esos fueron los primeros pasos de un proceso inconsciente, que demandaba cada vez saber un poco más de ese nuevo planeta. Surgió por entonces la primera Peguishá (encuentro) de Jabad en Concordia y ahí nos llevó el Rabino Levy a unos cuantos jóvenes que vivimos una experiencia especial e inusual. Ese fue mi principio, un paso a paso lento muy lento, donde cada nuevo conocimiento tenía un significado profundo, un sentido transcendente, una nueva perspectiva.

Recuerdo una vez que el Rabino Levy había venido a Salta y éramos tan pocos los asistentes que me animé a preguntarle:

— ¿Rabino Ud. Cree que le conviene seguir viniendo por tan pocos? Y el me contestó: “Hasta por uno solo vale la pena venir”. No entendí en ese momento.

El tiempo pasó, mi padre se enfermó gravemente y decidió volver a su ciudad natal Rosario, donde meses después de la partida familiar falleció. Pero antes de irse de este mundo y mientras yo lo esperaba desesperada desde atrás de una puerta, escuché su voz desde adentro fuerte y clara. Era el “Shema Israel”, palabras que me desgarraron el corazón y me dejaron el legado más importante que un padre puede dejar a su hijo. Fue tan fuerte el impacto que hasta me costó decirlas por un buen tiempo después de su muerte, me quebraban una y otra vez.

Pero la tefilá debía continuar y mi vida también y siguiendo ese instinto judío que se lleva tan adentro me contacté con el Rabino Shlomo Tawil y su esposa Sarah en Rosario. Ellos me acompañaron en la continuidad del proceso, que seguía siendo lento y sutil.

Peguishot, seminarios, fines de semana para encuentros juveniles judaicos, charlas personales con Rabanim y clases de estudio con la Rabanit Sara, fueron agregando más y más contenido. Y un día se hizo el click, el cambio llegó y dio comienzo a la teshuvá concreta, con una actitud más seria y comprometida.

Ya pasaron casi 10 años de la decisión de cambio, y con ellos una vida de Torá y mizvot, un esposo, hijos y la constante búsqueda de superación espiritual.

¿Y quiénes siguen estando a nuestro lado? Los Shlujim, que con tanto esfuerzo levantan un Beit Jabad, se ocupan de la Mikve, del estudio, del Minian diario, de los Jaguim, de las nuevas actividades, de los pobres. Tienen tanto en sus espaldas que a veces se los ve agotados, extenuados, pero aun así siguen.

— ¿Que los motiva? Una misión.

— ¿Cuál es el objetivo? Acercar y facilitar a los Iehudim las vivencias judías.

— ¿Cuál es el medio? El amor, fundado en el principio fundamental de la Torá: “Veahabtá Lereajá Kamoja” (Ama a tu prójimo como a ti mismo).

Hace unos años llegaron también a mi ciudad natal y basta entrar en la página de Internet de Jabad Salta para ver chicos en el gan, en la colonia y gente poniéndose tefilim con el Rabino Rafi Tawil.

Y así se cumplen las palabras del Mashiaj al Baal Shem Tov en respuesta a su pregunta: – “¿Cuándo vendrás?”, – “Cuando se difundan tus manantiales (las enseñanzas del Jasidismo) afuera”. Afuera, a los lugares más alejados, donde no hay mucha concentración de judíos. Afuera, a cada uno y uno de nuestro pueblo”.

Ahora sí entiendo bien lo que dijo el Rabino Daniel Levy ese día. “Hasta por uno solo vale la pena venir”. Lo entiendo a través de las últimas palabras de mi padre y principalmente a través de mis hijos en cuya educación se expresa mi deseo de llegar también a las posteriores generaciones.

Gracias a D”os, gracias al Rebe y gracias a los shlujim (los que están y los que se fueron) por cumplir con su “Misión de amor”.

POR JUDITH ODE

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Jabad es una filosofía, un movimiento, y una organización. Se considera que es la fuerza más dinámica en la vida judía en la actualidad. La palabra ” Jabad ” es un acrónimo hebreo de las tres facultades intelectuales de jojmá , sabiduría, binah – comprensión y daat – conocimiento.