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Probablemente es la pregunta más vieja en la historia del pensamiento humano. Seguramente la más perturbadora, infrecuente e insatisfactoriamente contestada: ¿Por qué? ¿Por qué cosas malas le pasan a gente buena?

Todos hacen la pregunta: filósofos, teólogos, carniceros, panaderos, fabricantes de velas… Nadie realmente la responde. La Biblia dedica los 41 capítulos del Libro de Job al asunto, ofreciendo varias explicaciones interesantes para luego refutarlas todas, concluyendo que el hombre no puede entender los caminos de Di-s.

Para la mayoría, la protesta contra el mal es algo que hace emerger los propios enfrentamientos de uno con las áreas ásperas de vida. Un verdadero líder siente el dolor de su gente como suyo propio y su inagotable grito es el inagotable grito del sufrimiento humano.

No tomó mucho tiempo a Moisés emitir ese clamor. Poco después que Di-s se le apareció en la zarza ardiente para nombrarlo el liberador de Israel, Moisés regresó.

Y Moisés regresó a Di-s y dijo: “Mi Amo, ¿por qué haces el mal a este pueblo? ¿Por qué me has enviado? Pus desde que vine ante Paró a hablarle en Tu nombre, él maltrató aun más a este pueblo. Y Tú, no has salvado a Tu pueblo” (Éxodo 5:22-23).

¿Y qué le dice Di-s? Espere sólo un momento más y verá que todo saldrá bien al final. Palabras alentadoras, sobre todo si vienen del propio Di-s; pero todavía ninguna respuesta para la suprema pregunta.

¿Fue una debilidad de Moisés protestar por la manera de Di-s de hacer las cosas? Una lectura superficial de los textos Talmúdicos y del Midrásh sobre el diálogo de Moisés con Di-s sugeriría que lo fue. Moisés es criticado por no estar a la altura de la fe incondicional de los Patriarcas; para algunas opiniones, incluso es castigado por su arrebato.

Pero una regla fundamental del estudio de Torá es que “la Torá no habla negativamente, ni siquiera de un animal impuro” a menos que haya algo positivo, alguna enseñanza que aprender. ¿Con qué propósito la Torá nos cuenta sobre el arrebato de Moisés?”

Algunos dirían que esto es para enseñarnos que incluso grandes hombres como Moisés pueden experimentar duda y desesperación. El Rebe de Lubavitch, sin embargo, tiene una visión diferente. La protesta de Moisés a Di-s, dice el Rebe, no era una falta de fe, sino un acto de fe del orden más alto.

De hecho, la pregunta/protesta/clamor, “¿por qué haces el mal a este pueblo? sólo puede salir de los labios de un verdadero creyente. El no creyente, también, puede enfurecerse por la crueldad y el sufrimiento que abunda en nuestro mundo, pero simplemente ¿con quién se enoja? ¿Con las ciegas maneras del destino? ¿Con el olvidado e impersonal dios de las leyes físicas y los procesos evolutivos? ¿Con las combinaciones aleatorias de quarks que constituyen el universo?

Incluso personas que creen en Di-s no necesariamente lo confrontan como lo hizo Moisés. Ellos pueden creer que Él no es el verdadero responsable de todo lo que respira en el mundo. Pueden no estar convencidos de Su suprema bondad. Pueden pensar que es en vano protestarle, ya que a Él no le importa cómo se sienten. O quizá simplemente todo está bien en sus vidas, y lo que les pasa al resto del mundo no los involucra.

El verdadero creyente, por otro lado, sabe que todo lo que pasa, simplemente pasa porque se Lo ordena desde arriba. Sabe que Di-s es esencialmente bueno y sólo emana bondad de Él. Y también sabe que el hombre puede hablar con Di-s y puede esperar una contestación a sus súplicas. Así que solo puede clamar: “¡Mi Amo, por qué has hecho mal a Tu pueblo?!”

Esto es lo que debemos aprender de Moisés. Debemos hablar a Di-s, confrontarlo, preguntarle: ¿Por qué hay maldad y sufrimiento en Tu mundo? Nosotros no sabemos lo suficiente para entender la respuesta; sin embargo debemos creer y ocuparnos lo bastante como para hacer la pregunta.

POR YANKI TAUBER
Yanki Tauber es editor de contenidos de Chabad.org

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