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¿Por qué será que hay personas para quienes el vínculo matrimonial parecería incluir el derecho a denigrar en público a la persona con la que comparten la vida? He tenido que ser testigo de escenas de humillación pública que hubiera preferido evitar. A veces esa humillación era abierta, en otras oportunidades sutil -que personalmente me ofende más aún- pero siempre fue una experiencia desagradable. He escuchado a hombres y mujeres quejarse de su pareja, frente a sus hijos y con sus familiares, señalando que su cónyuge no los apoya. Pero, si el mismo comentario es hecho en un grupo de amigos o conocidos, ese hombre o mujer lidera a la jauría en la burla y degradación tanto de su empleo, como su peso, potencial productivo, capacidad para criar hijos, aptitud para las tareas domésticas, etc.

Siempre me vuelvo a sorprender cuando escucho estos relatos de parejas que vienen a buscar consejo y, más todavía, cuando soy testigo de las situaciones. ¿Cómo es posible que un hombre o mujer que se respete a sí mismo denigre a su esposo o esposa durante una cena o en un encuentro público? ¿Cómo pueden convertir en un hazmerreír público a quien eligieron como compañero o compañera de vida?

Lo que no se dan cuenta es que, burlándose de su pareja, tampoco él o ella quedan demasiado bien parados. ¿Cuán inteligentes fueron si hicieron la elección de casarse con alguien que es tonto, torpe o insensible, etc.?

La mujer que se burla de su esposo incompetente no está probando nada acerca de su esposo, solamente algo con respecto de ella misma. Ella es la prueba que su esposo quedó atrapado en un matrimonio con alguien que no comprende las reglas básicas del respeto dentro del matrimonio. A la inversa, el esposo que se burla de la falta de aptitud de su esposa para llevar la casa solamente prueba que ella es humana; también demuestra que ella tuvo la mala suerte de casarse con un hombre poco comprensivo. En cada uno de los casos, el cónyuge que se burla tiene enormes inseguridades y no puede hacer frente a las muestras públicas de imperfección humana, de modo que él/ella ataca a su pareja sin tener en cuenta quién es testigo o cuáles serán las repercusiones dentro de la relación matrimonial.

Interesantemente, mientras que quienes son testigos de esta humillación en público podrán reírse junto con el cónyuge ofensivo será éste quien, con su pobreza de espíritu terminará, más que nadie, por dañar su propia imagen. Por otra parte, quienes ven que un cónyuge respeta, defiende y alaba a su “media naranja”, siente más respeto por la pareja. Esas son parejas envidiables.

Una pareja que tiene verdaderos motivos de desavenencia debería hacer una consulta con un consejero matrimonial o terapeuta. Sin duda, los temas matrimoniales nunca deberían ser discutidos en público, ni siquiera en broma.

Tenemos que aprender a respetar a nuestra pareja, con todas sus fortalezas y debilidades. Nadie es perfecto. Pero, no obstante las imperfecciones, toda persona merece el apoyo y respeto de su compañero/a de vida.

POR SHEA HECHT
El rabino Shea Hecht es presidente de NCFJE (comité nacional para el fomento de la educación judía), organización de servicios sociales y fomento organización dirigida por su fallecido padre, el famoso rabino J. J. Hecht. Shea Hecht es también líder y activista comunal de la comunidad judía de Crown Heights.